Érase una vez un pequeño pueblo, diferente, pintoresco, incluso se podría decir que atípico, llamado Datrebil, en un país muy, muy lejano. En él vivían las personas más cultas que se puedan imaginar. Las calles estaban llenas de músicos, pintores, o mimos callejeros, que se mezclaban con curiosos y extraños personajes casi sacados de un cuento de J.K.Rowling, vestidos de variopintas maneras y colores.
Este lugar especial tenía la peculiar característica de que
Este lugar especial tenía la peculiar característica de que